Un paseo por la ruta de la seda

Me gusta descubrir países emergentes al turismo, poco visitados y con poca afluencia turística. Que aún tengan su esencia y no estén viciados. Así surgió la oportunidad de visitar Uzbekistán.

La verdad es que cuando algo me convence no suelo decir que NO, investigué algo por internet y reservé mi viaje…Aunque parezca una persona muy decidida, la verdad es que no me gusta viajar sola y finalmente éste se convirtió en un viaje de AMIGAS. Después de comentarles a varias amigas que me marchaba diez días a Uzbekistán (primero de todo me decían, a dónde dices que vas?????), se unieron a la expedición cuatro valientes.

Tenia dos alternativas de viaje, empezar por su capital Tashkent y finalizar en Urgench o al revés. Por fechas me cuadraba más empezar por su capital y esto fue todo un acierto.

Empezamos la ruta en su capital Tashkent, como punto fuerte, la ciudad tiene unas estaciones de metro muy parecidas a las de Moscú, es decir un espectáculo de arte en el subsuelo de la ciudad.
Samarcanda, la joya de la corona. La mayor parte de fotografíales de información del país os saldrá esta ciudad. Pasear al atardecer, mientras empiezan a iluminar las madrazas es realmente espectacular. Aquilino si se ve más turismo. Pero para mi sorpresa nos quedaban por visitar dos ciudades: Bujará y Khiva. Para mí, las más autenticas de toda la ruta.

La comida es deliciosa, sus gentes amables, a pesar de no hablar español, obviamente, ni inglés, te ayudaban en todo lo que podían. Visitar Uzbekistán es como transportarte 150 años atrás. Su cultura, amabilidad, gastronomía, monumentos y sus gentes nos cautivaron.

¿Será este tu próximo destino?….

 


De crucero por el golfo Arábigo

Cuando decides montar un viaje familiar y somos casi veinte personas, es complicado elegir un destino que se ajuste a las expectativas de todos. En este caso íbamos, bebes, niños, adolescentes, jóvenes con ganas de fiesta, de mediana edad y mayores. Lo primero que se me viene a la cabeza, cuando es un grupo tan numeroso y distinto es un CRUCERO.

Los cruceros abarcan las necesidades de cada edad, desde los bebes hasta las personas de edad avanzada. Espectáculos, divertimento para niños y mayores, diferentes restaurantes, actividades durante todo el día…

Como en enero de este año ya habíamos realizado un crucero por Bahamas, tenia que mirar opciones, en el que la climatología no fuese un impedimento, así que decidimos ir al Golfo Arábigo.
Nuestro punto de partida fue Doha, la capital de Qatar, con su zona financiera llena de rascacielos. Bahrein, aun aunando la cultura y tradición con la parte moderna de la ciudad. Y por supuesto, dos países emiratíes. Abu Dhabi, con la mezquita más bonita del mundo y Dubai.

Tengo que decir que no era mi primera vez en Emiratos Árabes, pero, sobre todo Dubai, me sorprendió mucho lo que ha cambiado: En la zona del Burj Khalifa se habían multiplicado como setas los rascacielos. En el Dubai Mall, había tanta cantidad de gente que nos chocábamos los unos con los otros.

Me gustaría reflexionar sobre esto ya que, me dio bastante pena ver en lo que han convertido los turistas Dubai. Creo que se deben respetar las costumbres y tradiciones de cada país que visitas y en este caso, esta ciudad se está convirtiendo en un parque de atracciones, sin respeto por parte del turismo hacia sus gentes y costumbres. A pesar de esto, el viaje fue un éxito para todos, creo que se cumplieron las necesidades de cada uno de los que realizamos ese viaje.


El resurgir de Miami

La primera vez en mi vida que pisé Miami fue a finales de noviembre de 2007.

Miami fue el punto de partida de un viaje, en el cual hacíamos también un crucero por el Caribe. Yo recordaba todas aquellas series de cuando era una niña como Corrupción en Miami, con Don Johnson como protagonista, sus palmeras, sus playas, su gente guapa y deportista…

La zona del Downtown no tenía demasiados rascacielos, de hecho, creo que de los pocos que había, era el hotel en el cual nos alojamos aquella vez, el Intercontinental Miami.
La zona de Miami Beach sí era igual a la que salía en las películas: Playas enormes, con sus casetas para los socorristas, arena blanca y aguas azules. Mucha vida tanto diurna como nocturna, descapotables, gente haciendo deporte en la playa…

Pero al Miami de 2007, le faltaba algo. Ese encanto que salía por televisión yo no fui capaz de visualizarlo…así que, regresé a España algo decepcionada.

 

 

Este año, en enero de 2024, volví a Miami también como punto de salida de otro crucero, está vez por Bahamas.
A mi hija le hacía especial ilusión visitar la ciudad, como a mucha gente que tiene idolatradas ciudades de EEUU, como Los Ángeles, Nueva York, Las Vegas, San Francisco…

Os tengo que decir, que, en el trayecto desde el aeropuerto hacia el hotel, me di cuenta que algo había cambiado. Aquí si entendí el famoso Welcome to Miami. Esta vez nos alojamos en la zona de Brickell, una zona nueva y moderna muy cerca del Downtown.

Sí, era la misma ciudad, pero diferente.

Ahora sí, el Downtown lleno de rascacielos. El que fue nuestro hotel la primera vez que la visitamos, quedaba diminuto al lado de los edificios que la rodeaban. “Scalextrix” de carreteras para poder moverte por toda la ciudad, coches enormes por todos lados, mucha gente, muchas tiendas, en definitiva, MUCHA VIDA.

Ahora si, Miami es la ciudad que veía en series y películas de cuando era una niña.


El paraíso a tu alcance

Recuerdo la primera vez que escuche, Isla Mauricio, de esto hace ya más de veinte años. Mi compañera/amiga de trabajo en Viajes Iberia, Susi, decidió irse de vacaciones ese año allí.

La verdad es que siempre lo he tenido en mente como un destino paradisiaco, para parejas de novios con un presupuesto desahogado.

Este año, no tenía muy claro donde iba a pasar mis vacaciones estivales…ya os iréis dando cuenta que hago muchos viajes a lo largo del año.
De repente, apareció Mauricio. No estaba en mis planes, no me lo había planteado nunca. Como todo el mundo, tengo mi wishlist de destinos.

Lo reservamos casi a punto y hora (tres semanas antes aproximadamente). Yo esto no lo suelo hacer ya que me gusta planificar mis vacaciones con bastante tiempo de antelación, y así poder elegir el hotel que más me gusta, los asientos en los aviones, las excursiones de los sitios que quiero visitar…
Así que, casi sin darme cuenta, estaba metida en un avión con más de 11 horas de viaje hasta llegar a Plaisance.

Vuelo charter directo desde Madrid, un par de amigos que se sumaron a esta nueva aventura y un precio muy razonable para el destino.

Elegí la zona suroeste de la isla, con el monte Le Morne como fondo de postal.

Durante los diez días que estuvimos allí, combinamos actividades, visitas y relax en un entorno idílico que no tiene nada que envidiar a otros destinos paradisiacos (Maldivas o Seychelles, por ejemplo): Palmeras, arena blanca, aguas cristalinas y tranquilas (gracias a la barrera de coral), gentes encantadoras, una gastronomía exquisita…
Visité su capital Port Louis y os tengo que decir que no me mereció la pena, pero soy partidaría de que cada persona lo vea con sus propios ojos y opine. Los jardines de Pampelmousse nos encantaron, con cientos de especies de flora y fauna y sus conocidísimos nenúfares gigantes. Otros imprescindibles en la isla: Las cascadas de Chamarel que tienen más de cien metros, la tierra de los siete colores. Y, si sois un poco atrevidos, os animo a subir en helicóptero y ver las cascadas submarinas desde el aire, realmente impresionantes. También podéis visitar alguna de sus islas, como puede ser La
Isla de los Ciervos, y pasar el día en ella.

Una experiencia muy recomendable que no me esperaba…no hay que decir no a un destino.